Budapest, 7 de octubre (CNA) Una exposición inaugurada recientemente en Budapest sobre la Revolución húngara de 1956 y Taiwán muestra cómo los taiwaneses, pese a la escasez de recursos que afrontaban hace 70 años, brindaron ayuda humanitaria al pueblo húngaro en su lucha por la libertad y la democracia. Su comisaria, Bernadett Szél, destacó el profundo espíritu solidario de los taiwaneses y señaló que esta historia recuerda la necesidad de defender la democracia de forma constante y de avanzar junto a amigos que comparten los mismos ideales.
La exposición "Solidaridad y estrategia: la Revolución húngara de 1956 y Taiwán" se inauguró durante el Foro de Budapest (Budapest Forum) y podrá visitarse hasta el 15 de diciembre en el Instituto de Estudios sobre la Democracia de la Universidad Centroeuropea (CEU Democracy Institute). La exposición documenta cómo Taiwán expresó con acciones concretas su apoyo a la revolución.
Según la exposición, en 1956, jóvenes y ciudadanos húngaros se levantaron contra la tiranía, desafiando el poder de la Unión Soviética y la represión de sus tanques. A miles de kilómetros, en Asia, el Gobierno de la República de China, encabezado por Chiang Kai-shek, y la sociedad taiwanesa decidieron aportar "300.000 libras de azúcar y arroz" como ayuda humanitaria y enviarlas a Hungría a través de la Cruz Roja Internacional, pese a las dificultades de la reconstrucción de posguerra y la escasez de recursos.
De la recaudación de fondos a la voz en la ONU: el apoyo tanto civil como gubernamental
La comisaria de la exposición, Bernadett Szél, exdiputada húngara y actualmente investigadora, explicó que la investigación surgió por casualidad. Su amigo Gábor Rácz, quien había trabajado como académico en Taiwán, la llamó para contarle que había encontrado por casualidad indicios de que "Taiwán podría haber prestado ayuda" durante la Revolución húngara de 1956. Intrigada por esa posibilidad, acudió a la Biblioteca Nacional de Taiwán para consultar sus archivos.
"Al principio no imaginaba que esta historia tendría tanto alcance y profundidad", dijo Szél. Añadió que estudiar Taiwán es como explorar una isla: cuanto más se profundiza, más abundantes e interesantes resultan los detalles. Los documentos y archivos que se exhiben actualmente son apenas la punta del iceberg de lo que ha descubierto el equipo, y aún queda mucho por investigar, manifestó.
Con la ayuda de la Biblioteca Nacional de Taiwán para consultar microfilmes y boletines oficiales, Szél encontró un documento oficial manuscrito sobre una campaña de recaudación de fondos realizada entre el 25 de noviembre y el 25 de diciembre de 1956. El hallazgo confirma que la ayuda de Taiwán a la resistencia húngara no fue solo una iniciativa espontánea de la población, sino que contó también con un sólido respaldo institucional del Gobierno.
"Los taiwaneses tienen un gran espíritu solidario, y ya lo tenían entonces", dijo Szél. Señaló que el Gobierno de Taiwán no solo canalizó ayuda económica a través de la Cruz Roja, sino que también indicó en un boletín oficial que quienes quisieran enviar dinero para ayudar a Hungría "no necesitaban poner sellos", lo que refleja el amplio respaldo oficial, tanto en el plano institucional como en la movilización de recursos.
La exposición también muestra cómo la República de China, nombre oficial de Taiwán, que entonces ocupaba el escaño de China en las Naciones Unidas, alzó la voz en apoyo de Hungría ante la Asamblea General de la ONU y promovió campañas locales de recogida de firmas en lugares como el condado de Chiayi, llevando al escenario diplomático internacional las voces de la sociedad taiwanesa y de sus autoridades.
Bernadett Szél: La historia no se escribe con guiones heroicos; debemos proteger la democracia constantemente
Szél reconoció que la investigación no siempre permitió encontrar a los "héroes" que esperaba, pues la realidad suele ser más compleja. "Debemos ser honestos con nosotros mismos y con los hechos históricos", dijo. Por ejemplo, algunos de los húngaros que visitaron Taiwán en aquella época procedían de la extrema derecha. De otros visitantes solo quedaron registrados sus nombres transliterados al chino en la documentación taiwanesa, por lo que aún se están cotejando las fuentes para determinar sus nombres completos e identidades.
Szél señaló que una de las lecciones que esta investigación ofrece al presente es que "luchar por la libertad no significa necesariamente luchar por la democracia". Los húngaros de 1956 aspiraban a la democracia y encontraron en Taiwán un aliado frente a un poderoso enemigo común. Sin embargo, Taiwán estaba entonces bajo el liderazgo de Chiang Kai-shek y un régimen autoritario. Aunque ambas partes unieron fuerzas contra una gran potencia en medio de las tensiones de la Guerra Fría, esta historia recuerda la necesidad de defender la democracia de forma constante e incansable.
Szél subrayó que, mientras el Foro de Budapest debate cómo sostener la democracia a largo plazo, el valor de estudiar la historia radica en que "la historia nunca termina: siempre hay nuevas piezas del rompecabezas por descubrir". En cualquier lugar y época, las personas deben seguir luchando por la democracia y asegurarse de contar, en esa lucha, con amigos que compartan sus ideales.
Escrito por Tina Liu
Editado por Chen Wen-ching/YYC